
¿Qué necesitas saber?
El cáncer de cuello uterino es uno de los pocos tipos de cáncer que se puede prevenir casi por completo gracias a la detección temprana y la vacunación. Aparece cuando algunas células del cuello del útero cambian de forma anormal y comienzan a multiplicarse sin control. La buena noticia es que si se detecta a tiempo el tratamiento suele ser muy eficaz y las probabilidades de curación son altas.
Principales causas: el papel del VPH
La causa más frecuente del cáncer de cuello uterino es la infección persistente por el Virus del Papiloma Humano (VPH), sobre todo por ciertos tipos de alto riesgo. Este virus se transmite por contacto sexual. En la mayoría de los casos, el sistema inmunológico logra eliminarlo sin consecuencias; sin embargo, en algunas personas el virus permanece y provoca cambios celulares que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer.
Hay ciertos tipos de VPH que “apagan” las alarmas naturales que tienen nuestras células para detectar y reparar daños. Cuando el virus inactiva estas protecciones, las células empiezan a multiplicarse más de la cuenta y a acumular daños en su ADN. Con el tiempo, si no se detecta y trata, estos cambios pueden avanzar y convertirse en cáncer.
Prevención y detección temprana
Es importante señalar que este proceso es muy lento, pueden pasar años desde la infección hasta que aparece el cáncer. Por eso, las revisiones como el Papanicolaou o la prueba de VPH son tan valiosas: permiten detectar esos cambios mucho antes de que el problema sea grave. Si se detecta a tiempo, el cáncer de cuello uterino tiene altas probabilidades de curarse. Y aún mejor: con la vacuna contra el VPH se pueden prevenir la mayoría de los casos. A partir de los 30 años, además del Papanicolaou, se aconseja realizar la prueba específica para detectar VPH de alto riesgo. Este examen indica si el virus está presente y ayuda a evaluar la necesidad de un seguimiento más cercano.
1. El Papanicolaou (prueba de Pap)
El Papanicolaou es un procedimiento rápido e indoloro que detecta células anormales en el cuello uterino, y se sugiere que todas las mujeres con vida sexual activa lo inicien desde los 20 años. Gracias a este examen se pueden detectar displasias (cambios celulares provocados por el VPH) antes de que evolucionen a cáncer. Realizarlo de manera regular es una de las mejores formas de cuidar la salud cervical.
2. La prueba de VPH
Se realiza igual que un Papanicolaou, pero la muestra se envía a un laboratorio para buscar ADN del virus. Si es positiva, se recomienda una colposcopía.
3. La colposcopía
Si el Papanicolaou o la prueba de VPH muestran alteraciones, el siguiente paso es la colposcopía. Este estudio utiliza un equipo especial para observar el cuello uterino con detalle. Se aplican reactivos que resaltan posibles lesiones y, si es necesario, se toma una pequeña muestra (biopsia). La colposcopía no duele; la biopsia podría generar una leve molestia.
Factores de riesgo
En etapas iniciales este padecimiento suele ser asintomático, por lo que es importante estar pendiente ante la aparición de algún síntoma: sangrado vaginal anormal (fuera de la menstruación, tras relaciones sexuales o en menopausia); flujo vaginal acuoso y olor desagradable, y dolor pélvico o durante las relaciones.
Existen medidas que reducen los factores de riesgo y pueden controlarse: evitar el tabaco, vacunación contra el VPH (idealmente antes del inicio de la vida sexual), citología cervical o prueba de VPH periódica, uso de preservativo, pruebas de cribado (Papanicolaou), evitar relaciones con múltiples parejas sexuales, etc.
La detección precoz mediante cribado es clave: el cáncer cervical detectado en etapa temprana tiene una tasa de curación muy elevada.
